Mi abuela, la lectura y las monjas
- Roy Molina
- 16 sept 2022
- 4 Min. de lectura

Mi abuela y yo
Uno de mis más grandes miedos, tal vez el mayor, al menos el mayor racional (porque de forma irracional tengo talasofobia, megalofobia o apeirofobia o algo similar, o una mezcla de todas... o tal vez ninguna. Como sea.) es el miedo a perder mis capacidades cognitivas. O sea, cuando me imagino de viejo, siento que el estado más deprimente en el que pudiera acabar es aquel en el que no pueda saber ni entender qué es lo que está sucediendo a mi alrededor. Pensar que pueda perder la memoria, que sea incapaz de vestirme (no por una deficiencia física sino porque ya no tengo la capacidad mental de saber cómo abrochar los botones de mi camisa), que ya no pueda leer o escribir textos o que las imágenes frente a mis ojos pierdan total sentido, eso, me llena de pavor.
Claro, no es un temor que haya surgido de la noche a la mañana, tiene un sustento en una experiencia personal. Mi abuela, doña Juventina Domínguez, falleció ya hace muchos años, viví con ella una gran parte de mi infancia y durante mucho tiempo me cuidó mientras que mi mamá trabajaba para sustentar a la familia. Conmigo siempre fue una persona extraordinaria, extremadamente cariñosa, excelente cocinera, le gustaba ver telenovelas y era una costurera y modista muy hábil. Lamentablemente, y como gran parte de la población mexicana, sufría de diabetes. Una enfermedad que le provocó muchas consecuencias de salud que la llevó incluso a sufrir de ataques cardiacos.
Sin embargo era fuerte, y sobre todo era consciente de que tenía que tomarse sus medicinas, que tenía que mejorar su dieta y evitar algunos alimentos (aunque de vez en cuando se comía uno que otro pan de azúcar). Esa determinación la llevó a controlar la enfermedad y a poder tener una vida relativamente normal.
Pero claro, el destino es cruel y a veces, a las mejores personas, no les permite disfrutar.
Después de la diabetes comenzó a sufrir de demencia senil. Básicamente comenzó a olvidar todo, a mi abuelo, a sus hijos, a sus nietos, a ella misma. Empezó a no reconocerse en el espejo y pelear con "la señora que estaba ahí", a basar sus conversaciones en sucesos que habían ocurrido hace décadas, a llamarnos por otros nombres. Me era muy difícil ver en esas condiciones a la persona que durante años me había querido, cuidado y visto crecer y que incluso acabé llamando "mamá". No recuerdo los días alrededor de su muerte, decidí, selectivamente, borrarlos de de mis recuerdos y quedarme en su lugar con todos los demás.
Recuerdo que cuando los síntomas de la demencia aún eran leves le recomendaron que leyera. Es algo que me llamó la atención.
¿Por qué leer?
Hace rato, mientras googleaba términos interesantes, di con uno que me explicó en buena medida el porque de la recomendación. Resulta que ciertas investigaciones científicas descubrieron que nuestro cerebro está formado por un par de cosas llamadas "reserva cerebral" y "reserva cognitiva" que, haciendo una burda analogía, son el hardware y el software de nuestro cerebro. La reserva cerebral es todo lo que tiene que ver como tal con la composición física del cerebro (tamaño, cantidad de neuronas, densidad sináptica), mientras que la reserva cognitiva es la capacidad de nuestro cerebro para enfrentar el deterioro del "hardware" y que está directamente relacionado con cuanto "ejercitas" tu cerebro.
Para dejarlo más claro: mientras más retes tu cerebro, más reserva cognitiva tendrás y menos fácil será que se descomponga.
Hay un exprimento sumamente interesante que realizó el científico David A. Snowdon en 1986, el "Estudio de las Monjas", donde durante 15 años, estudió a casi 1000 monjas con edades de entre 80 y 107 años y que tenía como objetivo determinar como es que el deterioro mental está asociado con el envejecimiento y cómo prevenirlo.
Eligió trabajar con monjas porque tenían estilos de vida muy similares y esperanzas de vida muy altas. Las monjas tenían que realizar pruebas mentales y físicas cada año para analizar cómo es que sus capacidades intelectuales iban cambiando y a su muerte, las hermanas aceptaban donar sus cerebros a la ciencia para ser analizados.
Se concluyó que las monjas que más leían, daban clases, se mantenían activas y tenían una visión más positiva de la vida, tenían menos probabilidades de padecer enfermedades mentales como el Alzheimer. Y el caso más sobresaliente fue el de la hermana Matia, quien murió a los 104 años de edad y a lo largo de todos los años del estudio se mantuvo lúcida y contestó a la perfección los exámenes anuales, la sorpresa llegó cuando, al analizar su cerebro, se descubrió que tenía un alto grado de evidencias que mostraban que padecía Alzheimer. Es decir, mientras que el hardware no tenía porque funcionar, el software estaba haciendo todo lo necesario para mantener el sistema en un estado adecuado: la reserva cognitiva era vasta.

La hermana Matia y David Snowdon
¿Cómo puedes mejorar tu reserva cognitiva?
Lee y escribe (no me agradezcas, te acabo de regalar 4 minutos más de vida :P )
Aprende cosas nuevas
Diviértete
Reta tu intelecto
Haz cambios
Aliméntate bien
Ejercítate
Descansa
Relaciónate con otras personas
Mi abuela no era precisamente una férrea lectora, así que le costaba trabajo hacer caso a la recomendación de leer, sin embargo en mi familia siempre se fomentó la lectura y es algo con lo que crecí. No sé si soy precisamente un ávido lector (en la escala de los eruditos nerds de las palabras) pero disfruto enormemente estar leyendo, sobre todo si estoy aprendiendo algo en el proceso. Tengo la costumbre de estar leyendo en el celular todo tipo de textos, a veces cosas de programación o de electrónica, una que otra vez árticulos de política y de negocios, por supuesto leo mucho sobre educación, y en años más recientes he comenzado a leer sobre economía, filosofía, psicología y neurociencia.
Tengo la esperanza de poder vencer la posible genética degenerativa de mi cerebro, por eso leo y escribo (sígueme leyendo para ambos poder incrementar nuestra reserva cognitiva ;) ) y a veces me da miedo cuando se me olvidan cosas (que me pasa mucho), pero bueno, como dicen por ahí: un día a la vez.

Cerebro xD
...
P.D. Gracias abuela, y perdón por no haberte podido cuidar de la misma forma en que tú lo hiciste conmigo.







Muy interesante. Justo hoy estaba reflexionando sobre que este semestre estoy leyendo mucho más de lo normal. Ya no suelo leer como lo hacía antes, así que es bonito tener un pretexto/obligación de mantener el cerebro activo de esa manera en particular